...Tú estas donde no te veo, donde ya no existes. Yo estoy ahí, donde no me veo, donde ya no existo.
Nos alejamos mirando sobre los ojos perdidos.
Te abracé con la mirada y no pude sostenerte más.
Tus ojos no tocaron mis labios buscando un beso, un anhelo, una caricia.
Tus ojos ni tu presencia aparecieron más. Te perdiste, me perdiste en un túnel que no le veo fin.
Huiste, cobardemente huiste del dolor, del hastío, de la costumbre y del recuerdo.
No peleaste, evitaste ser un guerrero, un héroe, un Ídolo...un hombre...
simplemente volviste a ser un niño.
No, no huiste de esto...
huiste del amor, de la esperanza y de la confianza.
Has regresado a ese mundo que solo tu conoces, donde no te puedo rescatar. No puedo sacarte de tus miedos y de tus traumas, no puedo evitarte el dolor autoinflingido, no puedo salvarte de tus penas y tu olvido. No puedo vaciar tus vicios ni ser la receptora de tu cólera. Simplemente no puedo con esto ni contigo.
Y decir adiós es tan difícil, y decir adiós significa más que hasta pronto, mucho más que olvido.
Decir adiós no mantiene húmedos mis labios con tu saliva
Porque decir adiós no me garantiza una prescripción medica de tabletas para no soñarte.
No promueve caricias desconocidas.
Decir adiós no me quita tu sonrisa de la mente todo el día,
No simplifica mi monotonía.
Decir adiós no borra tus murmullos, tus malos chistes ni tu inconsciencia adolescente.
Si decir adiós fuera tan fácil como hacerte desaparecer,
borrar tu rastro, no de la tierra si no de mi memoria...